Antecedentes

Reconocemos como un antecedente inmediato a nuestras reflexiones, las realizadas por el Grupo Ostinato en el marco de la muestra Estudio Abierto 2006. A continuación se encuentra el texto escrito por Valeria González sobre Ostinato:

UN PROBLEMA

El trabajo de artista

es socialmente invisible

Contexto: Ostinato

Artistas: Horacio Abram Lujan, Agustín Blanco, Ignacio Amespil, Gabriel Baggio, Andrea Cavagnaro, Claudia Contreras, Julián D´Angiolillo, Ana Gallardo, Pablo Garber, Cynthia Kampelmacher, Patricio Larrambebere, Lujan Funes, Karina Granieri, Eduardo Molinari, Elisa O´Farrell, Daniel Ontiveros, Ricardo Pons, Daniel Roldán, Paula Senderowicz, Alejandro Somaschini, Federico Zukerfeld.

Curadora: Valeria González

Estudio Abierto, Antiguo Palacio de Correos

Buenos Aires, 23 de noviembre de 2006

Cada artista toca un instrumento singular; entre todos intentan componer algo. Debajo de los cartelitos institucionales (autor, título de obra, etc.), al lado de cada una de las obras, en el mismo formato y con la misma tipografía, hay un “epígrafe” que dice: “Los materiales y la producción de esta obra fueron cubiertos por Estudio Abierto. El artista trabajó sin honorarios”.

Se trata de una obra de arte colectiva. Su contenido es acerca de la conciencia de los artistas con respecto a las condiciones materiales en las que trabajan. No nos interesa la situación de Estudio Abierto como hecho particular sino, al contrario como hecho regular. Como obra, quiere trascender la coyuntura particular de este evento, o bien evidenciarla como un eslabón más en un encadenamiento estructural que es mucho más ancho y profundo.

El trabajo de artista es socialmente invisible. La tarea del artista no existe como trabajo. La primera perspectiva nos remonta a la constitución de la Modernidad, en los siglos XVIII y XIX. A la persistencia (¿paradójica?) de valores heredados de la Modernidad en un mundo que, se dice, ya no es moderno. La descripción puede ser muy sintética. El ascenso de la burguesía como clase dominante. La invención de la noción (burguesa) de individuo. La mitificación de los valores de la individualidad en un nuevo sujeto social, el artista. Sujeto creador que emerge en el momento en que pierde su estatuto secular de empleado (de las instituciones religiosas, etc.). Y gana una libertad que difiere de todas las demás porque ese individuo no podrá, como los otros, vender en el mercado su fuerza de trabajo. La libertad inalienable del artista quedará resguardada en la conversión de la obra de arte en mercancía. Una mercancía que no es igual a las demás: la distingue un valor de cambio hipertrofiado. Un precio carente de relación con todo valor de uso, y carente también de relación al valor dinerario tanto de sus materiales como del trabajo artesanal implicado en su producción. Antes de la Modernidad hubo también objetos de lujo capaces de marcar el status de prestigio distintivo de su eventual propietario: lo nuevo es que, como significante social, el valor de cambio suntuario de la obra de arte cifra para toda la humanidad su valor espiritual universal. Ya no es la divinidad sino una obra humana que permite sublimar, precisamente, la falta de libertad constitutiva de las relaciones de producción capitalistas. El valor arte requiere expulsar de sí todo rastro de explotación laboral. La lógica misma del arte moderno se vería minada si la creación artística se convirtiera en trabajo asalariado. Las nociones modernas de trabajo y de arte son contemporáneas y mutuamente dependientes en su exclusión recíproca.

Nadie ignora que las condiciones de la vida social hoy ya no están reguladas por estos parámetros de la Modernidad. Si el modelo del trabajo industrial ha desaparecido ¿Qué sucede con el arte “libre”?

Asistimos al pleno desarrollo de las industrias culturales, y con ello a una drástica reubicación de las funciones del arte. Hoy la obra de arte circula mayormente a través de eventos de construcción de imagen de las marcas y de determinadas instituciones. Aún los “antiguos” lugares (el museo, las colecciones públicas o privadas, el mercado del arte) se ven subordinados a esta lógica de la propaganda de las corporaciones. Se da entonces a una suerte de desproporción entre el uso exhibitivo de las obras y su uso mercantil propiamente dicho.

“Los materiales y la producción de esta obra fueron cubiertos por Estudio Abierto. El artista trabajó sin honorarios”. La frase es descriptiva. Se trata de una situación absolutamente normalizada. El artista puede incluir en su presupuesto el pago de un ayudante, pero no el de su trabajo. Menos aún puede cobrar por exhibir su obra. La respuesta de siempre ya la sabemos: al exponer el artista “gana” visibilidad y legitimación, instancias que aumentarían el valor potencial de su obra en el mercado del arte. Se trata de un argumento perfectamente moderno. ¿Cuál es el sentido político de tal argumento no solo en una Argentina donde nunca hubo, como en otros países periféricos, un mercado del arte sino en una situación como la de Estudio Abierto que, como iniciativa de propaganda de la gestión del gobierno de la ciudad, cuadra perfectamente con la lógica de la industria cultural?

En el actual contexto el problema de la invisibilidad del trabajo del artista requiere ser replanteado. En el campo de las prácticas artísticas, la emergencia de modelos como la llamada “estética relacional” marcó transformaciones al compás de la conversión del capitalismo industrial en una economía de servicios. El arte como un servicio. El arte como expresión del “general intellect”, de la capacidad comunicativa general. En el primer mundo, por efecto de estas transformaciones, la noción de arte como servicio está dando pie lentamente a la aparición del honorario de artista. El artista cobra por trabajar para determinada entidad. ¿Se trata de esperar que el progreso alcance con su buenaventura a nuestros países no privilegiados?

Sin duda no es esto lo que esperan los artistas de Ostinato. Los famosos cartelitos no están colgados en el vacío. Las obras, muchas de ellas performáticas, rescatan la memoria de empleos desaparecidos. Y, sobre todo, materializan modos de trabajar que huyen de la persona a lo colectivo, del objeto artístico a la acción creativa, del mensaje político a las tensiones del diálogo, de la negatividad especular a la afirmación resistente, del poder del arte a la potencia del artista, del saber poseído al pensamiento ejercido, de la comunicación a la situación, de la moral a una ética….

En nuestros pagos las prácticas colectivas suelen distinguirse bastante de las experiencias descriptas por Nicolas Bourriaud para el primer mundo. Eduardo Molinari trajo a Ostinato la experiencia de “Ex Argentina”. Si las formas modernas de explotación y disciplina están en crisis, el arte puede tener frente a sí una oportunidad histórica de plegarse a otras prácticas de deserción laboral. Huir del trabajo al hacer. ¿Qué condiciones puede asumir la libertad del arte una vez destituída como contrapunto mítico del trabajo alienado? Esta es la pregunta que desplaza la frase “Sin Honorarios” fuera de una denuncia gremial y la convierte en un manifiesto político.

(*) Apuntes de Valeria González para el debate que los artistas de Ostinato llevaron adelante el día el 23 de noviembre de 2006

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